miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los patos de Punset

Dice Punset en su libro Por qué somos como somos que "en los patos Mallard [...] es habitual que varios machos acorralen a una hembra hasta debilitarla y después se turnen para copular con ella." "Patos Mallard"; así, con mayúscula y en aposición. Evidentemente, no hay ninguna especie de pato con ese nombre en castellano, porque no es así como se forman los nombres comunes en nuestro idioma. Pueden formarse con dos sustantivos en aposición, sí, pero en minúsculas, como el pato arlequín. Pueden formarse con un nombre y un adjetivo, como el pato colorado. Y pueden formarse con la preposición "de" seguida de un nombre común (pato de jungla) o propio (pato de Hartlaub). Pero "pato Mallard" no se encuentra en ninguno de esos casos. Ni se encuentra en la lista de Nombres en castellano de las aves del mundo recomendados por la Sociedad Española de Ornitología publicada por la revista Ardeola.

La única situación en la que en castellano se colocan un nombre común (con minúscula) y un nombre propio (con mayúscula) en aposición es al referirse a un individuo por su nombre (propio), como "pato Donald", "pato Lucas"... Pero tampoco parece que sea este el caso.

Entonces, ¿a qué se refiere Punset? No existe en toda la lista publicada por la SEO ni un "pato Mallard", ni un "pato de Mallard", ni un "pato mallard". Pero si uno se molesta en consultar un diccionario de inglés, descubre que el mallard (en minúscula) es ni más ni menos que el ánade real o azulón (Anas platyrhynchos), el más conocido de todos los patos.

Un simple error de traducción, dirán algunos. Como si un error de traducción fuera siempre leve y disculpable. Pasando por alto el hecho de que se trata de un libro escrito originalmente en castellano, es mucho más que un error de traducción. Es muy grave, porque se encuentra en un libro de divulgación, y su lectura induce en el lector al menos cuatro ideas:
  1. Existe una especie de pato llamada "pato Mallard".
  2. Este pato, del que nunca he oído hablar, debe de ser una especie rara que habite en alguna región exótica.
  3. Si Punset ha tenido que recurrir a esa especie para hablar de comportamientos sexuales agresivos, debe ser porque en las especies más conocidas ese comportamiento no se da.
  4. Si veo varios patos peleando y persiguiéndose en el parque de mi pueblo, será por otra razón, el comportamiento sexual agresivo es específico del "pato Mallard".
Pero esas cuatro ideas son falsas. El ánade real es un pato muy común y extendido, que habita en las zonas templadas de Norteamérica, Europa y Asia, y también está presente en Centroamérica y el Caribe. De hecho, el pato doméstico es una subespecie de ánade real. Este verano yo mismo he sido testigo del comportamiento que describe Punset en un parque de Alcobendas, en los alrededores de Madrid. Un seguidor de Punset habría pensado que no podía ser eso lo que estaba viendo.

El lenguaje como medio de comunicación sólo puede funcionar si el emisor y el receptor utilizan el mismo código. Esto es más importante si cabe en la ciencia, y por extensión en la divulgación científica, donde es necesario comunicar con precisión y exactitud las ideas. Por eso los biólogos utilizan desde hace siglos la nomenclatura binomial de Linneo, los llamados nombres científicos, para referirse a los seres vivos. Si al menos Punset hubiera especificado el nombre científico de su "pato Mallard", se podría disculpar el error, pero ni eso.

De todas maneras, dejando de lado el asunto de los patos, el libro, como libro de divulgación científica, deja mucho que desear. No pasa de ser una amalgama de las entrevistas realizadas en su programa de televisión Redes. Y contiene bastantes afirmaciones cuando menos discutibles. Por ejemplo, insinúa que los colores verde, azul, rojo... son construcciones mentales modernas, porque en la Edad Media existía el término sinopia, que se podía referir tanto al rojo como al verde, y el azul era sólo una variante del negro para los griegos y los celtas, entre otros ejemplos. Como si las palabras rojo y verde no vinieran del latín (russus y viridis, respectivamente), o como si el hecho de tener una palabra genérica o polisémica impidiera al hablante distinguir entre los distintos referentes o significados: que exista la palabra "fruta" no significa que no seamos capaces de distinguir una manzana de una pera, de la misma manera que cualquier hispanohablante sabe distinguir entre una piña de pino y una piña tropical. Además, dicho sea de paso, la sinopia es un pigmento de óxidos de hierro que se emplea en la pintura mural, de color variable, desde el ocre amarillento al negro, pasando por el ocre rojizo.

También afirma que "en cuestión de 10 ó 20 años el sexo y la reproducción estarán completamente separados", cosa que, si utiliza los términos "sexo" y "reproducción" en el sentido en que cualquier persona normal los entiende, no se cree ni él; y que "el mundo, tal y como lo conocemos, no existiría sin la memoria", una frase más propia de un libro de filosofía solipsista que de uno de divulgación científica. Intentaré acordarme, no quiero provocar la destrucción del Universo por un simple olvido. Como si al Universo le importaran lo más mínimo unos pocos miles de millones de homínidos en un pequeño planeta de una pequeña galaxia. En esa misma línea, convierte al escritor Marcel Proust en filósofo, supongo que para dar más valor y trascendencia a la interpretación que hace de su famosa magdalena.

En resumen, que no sé si he leído un ensayo filosófico salpicado de datos científicos, o un libro de divulgación científica empapado de opiniones filosóficas. Sólo se lo puedo recomendar a los seguidores incondicionales de Punset.

1 comentario:

  1. Magnifica correctiva.Para divulgar hay que basarse en hechos y palabras reales, la inventiva es mejor dejarla para la novela.

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