(Contribución de El neutrino a la edición 5.5: Ronald Fisher del Carnaval de Matemáticas, organizada por pimedios | La aventura de las matemáticas)
Cuando en casa compramos fresas, me suele tocar a mí prepararlas. Y eso que no las como. Pero así es la vida. El caso es que soy yo el encargado de cortarles las hojas y de partirlas en trozos, que intento que sean lo más iguales posible. Lo que no es fácil, dada la forma de este fruto. Que no es estrictamente un fruto; en realidad es el receptáculo de la flor, el extremo del pedúnculo en el que se insertan los sépalos y los pétalos. Si por algo yo no las como... Los verdaderos frutos son las motitas duras que se reparten por la superficie de la fresa; son aquenios, frutos secos monocarpelados e indehiscentes, o sea, que proceden cada uno de un solo pistilo o carpelo, y que no se abren al madurar. Cada aquenio contiene una semilla, que no está unida al pericarpio, la corteza que la rodea.














