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La semana pasada hablábamos de la aberración cromática, que afecta a las lentes porque el índice de refracción de los materiales de los que están hechas depende de la longitud de onda de la luz incidente. Los espejos están libres de esta aberración; por eso (entre otras razones) muchos telescopios se fabrican actualmente con espejos en lugar de con lentes. Sin embargo, tanto lentes como espejos sufren de la llamada aberración esférica, una imperfección de la imagen debida a que, en una lente o espejo de superficie esférica, los rayos de luz que inciden lejos del eje no se focalizan en el mismo punto que los más próximos al eje. Una solución es utilizar lentes o espejos asféricos, o sea, con superficies no esféricas, pero tanto el cálculo y el diseño de las superficies como su fabricación resultan mucho más difíciles y caros (o lo eran hasta hace muy poco tiempo). Por eso, la mayor parte de los elementos ópticos siguen teniendo superficies esféricas, o así ha sido hasta muy recientemente.














