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Hace poco más de 160 millones de años, a mediados del Jurásico, el departamento de Ardèche, en el sudeste de Francia, estaba cubierto por un mar de unos pocos cientos de metros de profundidad. Una falla cercana con actividad hidrotermal de fumarolas negras liberaba periódicamente gases tóxicos sulfurosos que provocaban la muerte de muchos animales, que caían al fondo fangoso y quedaban cubiertos muy rápidamente por sedimentos, en un entorno pobre en oxígeno y muy tranquilo, a una profundidad suficiente para que no se sintiera el efecto del oleaje, por lo que su estado de conservación es excepcional, en tres dimensiones y con un nivel de detalle muy fino, en algunos casos hasta el nivel celular.














