miércoles, 22 de octubre de 2014

La ignorancia es muy atrevida, o los peligros de llegar tarde a clase

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Una clase de matemáticas...
que no tiene nada que ver con la historia (Tungsten)
(Esta entrada participa en la Edición 5.7: Alan Turing del Carnaval de Matemáticas, cuyo anfitrión es el blog El zombi de Schrödinger.)

Ocurrió porque durante mi primer año en Berkeley un día llegué tarde a una de las clases de Neyman. En la pizarra había dos problemas, y asumí que se trataba de deberes. Los copié. Unos días después me disculpé con Neyman por haber tardado tanto en hacer los deberes; los problemas parecían un poco más difíciles que de costumbre. Le pregunté si aún los podía entregar. Me dijo que los dejara en su escritorio. Lo hice con recelo, porque su mesa estaba cubierta con tal pila de papeles que temí que mi trabajo se perdiera para siempre. Unos seis meses más tarde, un domingo hacia las ocho de la mañana, Anne y yo nos despertamos, alguien estaba aporreando la puerta de la casa. Era Neyman. Entró corriendo con papeles en la mano, excitadísimo: "Acabo de escribir una introducción para uno de sus artículos. Léalo para que pueda enviarlo ahora mismo para su publicación." Yo no tenía ni idea de lo que me estaba hablando. Resumiendo, los problemas de la pizarra que yo había resuelto creyendo que eran deberes eran en realidad dos famosos problemas de estadística sin resolver. Hasta ese momento no empecé a sospechar que había algo especial en ellos.



Un año más tarde, cuando empecé a preocuparme sobre el tema de mi tesis, Neyman se encogió de hombros y me dijo que si metía los dos problemas en una carpeta me los aceptaría como tesis.

El segundo de los dos problemas, sin embargo, no se publicó hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Ocurrió así. Hacia 1950 recibí una carta de Abraham Wald con las galeradas finales de un artículo que iba a publicarse en Annals of Mathematical Statistics. Alguien le había indicado que el resultado principal de su artículo era el mismo que el segundo de los problemas de los "deberes" resueltos en mi tesis. Le contesté sugiriéndole que lo publicaramos juntos. Él simplemente insertó mi nombre como coautor en las galeradas.

Así narró George Dantzig, en 1986, la historia que le hizo célebre, y con la que se inició su triunfante carrera en el campo de las Matemáticas. Ocurrió en 1939, cuando Dantzig cursaba estudios de doctorado, y dicen que en ella se inspira el inicio de El indomable Will Hunting. Ésto último no puedo confirmarlo, no he visto la película.

Después de la guerra, Dantzig desarrolló el algoritmo símplex, un algoritmo para la resolución de problemas de programación lineal u optimización lineal, considerado uno de los diez algoritmos matemáticos más importantes del siglo XX por la revista Computing in Science and Engineering. El algoritmo símplex fue el primero que permitió minimizar una función sobre un conjunto de desigualdades y dió un enorme impulso a la programación lineal, que se usa desde los años 1940 en la planificación industrial, para maximizar los beneficios o reducir los costes.

Y para los curiosos: Anne era la esposa de Dantzig, Jerzy Neyman, el profesor de estadística, fue uno de los fundadores de la estadística moderna, y Abraham Wald fue uno de los creadores del análisis secuencial, un tipo de análisis estadístico en el que el tamaño de la muestra no está fijado de antemano, sino que depende de los resultados que se van obteniendo.

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