lunes, 13 de octubre de 2014

Lydekker y el cuco

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Richard Lydekker (hacia 1900)
(Contribución de El neutrino a la XXXIII edición del Carnaval de la Biología, organizada por Consultoría y Educación Ambiental)

(Publicado originalmente en Madrid Sindical)

El 6 de febrero de 1913, el Times de Londres publicó una carta al director en la que un tal Richard Lydekker afirmaba que había escuchado el canto de un cuco dos o tres veces mientras trabajaba en el jardín de su casa de Harpenden, al norte de Londres, a pesar de que según el libro A History of British Birds de William Yarrell, obra de referencia para los ornitólogos de la época, los cucos no llegan a Gran Bretaña antes del mes de abril.

En aquella época, sin ordenadores, sin televisión, y con la radio aún dando sus primeros balbuceos, la sección de cartas al director de los periódicos era prácticamente el único medio de comunicación abierto al público; el equivalente de los actuales foros de internet.



Los informes sobre el primer cuco de la primavera tienen una larga tradición entre las cartas al director del Times y de otros periódicos británicos. Año tras año, algún lector informaba de la llegada del cuco en marzo o incluso en febrero, y año tras año los expertos refutaban la observación: el canto del cuco es muy fácil de imitar, e incluso cuando los testigos afirmaban haber visto el pájaro, resultaba que no sabían distinguir un cuco de un gavilán. Pero en este caso, el invierno de 1913 había sido excepcionalmente cálido, y la primavera llegó adelantada. ¿No podían haberse adelantado también las aves migratorias? Además, resulta que Richard Lydekker no era un aficionado cualquiera, sino un experto naturalista.

Richard Lydeker fue un geólogo y naturalista inglés, hoy sobre todo recordado por la línea que lleva su nombre, la línea de Lydekker, que definió en 1895. Esta línea marca el límite oriental de la región biogeográfica llamada Wallacea, en la que hay una mezcla de fauna de origen asiático y de Oceanía. Wallacea está formada por Célebes y la mayor parte de las Molucas y de las islas menores de la Sonda. Al este de la línea de Lydekker la fauna es originaria exclusivamente de Oceanía.

Richard Lydekker había nacido en Londres el 25 de julio de 1849. Estudió Ciencias Naturales en el Trinity College de Cambridge. Entre 1874 y 1882 formó parte del Servicio Geológico de la India; aprovechó su estancia en el norte de la entonces colonia británica para estudiar los fósiles de vertebrados de la región, sobre todo de Cachemira. En 1882 volvió a Inglaterra, encargado de la catalogación de reptiles, aves y mamíferos fósiles en el Museo de Historia Natural de Londres. En 1894 fue elegido miembro de la Royal Society de Londres, y en 1902 recibió la medalla Lyell de la Sociedad Geológica de Londres. Escribió numerosos libros y participó en la redacción de la Enciclopedia Británica. Lydekker murió en Harpenden el 16 de abril de 1915.

Pero volvamos al mes de febrero de 1913. La carta de Lydekker avivó la polémica entre escépticos y partidarios de los cucos precoces. Pocos días después se informó de que un guardabosques de Sussex había abatido un cuco, que había mostrado a unos boy scouts para que lo identificaran. Los periódicos trataron de conseguir el ave muerta, pero finalmente el guardabosques confesó que se trataba de un cárabo común, y que sólo estaba poniendo a prueba a los niños.

Cuco común (Johann Friedrich Naumann, 1905)
No; el libro de Yarrell no se equivocaba: El cuco común (Cuculus canorus) es un ave migratoria; los cucos que encontramos en Europa pasan el invierno en África, y tampoco en España podemos verlos antes de abril. A fin de cuentas, los cucos son aves insectívoras; si adelantaran su regreso a Europa, morirían por falta de alimento; pocos insectos se pueden encontrar en nuestras latitudes a finales del invierno. El que se equivocó fue Lydekker. Seis días más tarde, el 12 de febrero, el naturalista envió una segunda carta al Times en la que confesaba con pesar que se había engañado con el supuesto canto del cuco:

“Las notas que escuché en ese día, y que oyeron varios vecinos el mismo día y los siguientes cuatro o cinco, fueron proferidas por un peón de albañil que trabaja en una nueva casa, que me ha dicho que es un experto en la imitación del ave, lo que hace sin la ayuda de ningún instrumento.”

El albañil, llamado George King, imitaba tan perfectamente al cuco que no sólo engañaba a los naturalistas, sino también a los propios cucos. Durante la temporada, los cucos le contestaban e incluso se acercaban a él. King, enterado del revuelo que había armado, lamentó haber engañado sin querer a Mr. Lydekker.

“Si hubiera sabido que iba a causar tantos problemas al caballero, habría imitado otros pájaros más de temporada, como un pavo, una pintada o un pavo real, que también sé hacerlos con bastante realismo.”

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