martes, 17 de septiembre de 2013

El zumbido de la Tierra

Rompientes en Cornualles (Earth Network Editor, 2007)
(Publicado originalmente en Madrid Sindical)

Nuestra percepción del mundo está limitada por nuestros sentidos. Multitud de fenómenos quedan fuera de su alcance, como los gritos ultrasónicos de los murciélagos o la luz ultravioleta reflejada por las flores, visible sin embargo para muchos insectos. Sólo gracias a la técnica podemos percibir todos esos fenómenos. La técnica nos ha permitido, por ejemplo, observar durante los últimos cuatro años la invisible radiación infrarroja que nos llega del universo; con el telescopio espacial Herschel, que el pasado 29 de abril acabó su vida útil al consumir todo su refrigerante, hemos podido estudiar, entre otros temas, la formación y evolución de las galaxias, la formación de las estrellas y su interacción con el medio interestelar, la composición química de la atmósfera y la superficie de los cuerpos del Sistema Solar, y en general la química molecular del universo.



Otros instrumentos nos permiten escuchar aquí en la Tierra sonidos de los que hace sólo unos pocos años ni sospechábamos su existencia. Como el zumbido de la Tierra. En 1998, gracias a las modernas redes de sismómetros, se descubrió que nuestro planeta vibra continuamente con una frecuencia bajísima, muy por debajo del límite de los sonidos audibles para nosotros.

Un oído humano joven y sano puede percibir sonidos con frecuencias comprendidas entre 20 y 20.000 hercios, el equivalente de unas diez octavas, diez intervalos entre un do y el siguiente. El tacto nos permite captar un par de octavas más de sonidos graves, hasta unos 4 hercios. La atmósfera que nos rodea está llena de sonidos inaudibles, de entre 0,01 y 10 hercios. Pero la frecuencia del zumbido de la Tierra es mucho más baja, de entre 3 y 7 milihercios, más de diez octavas por debajo del límite de audibilidad. Una frecuencia de 5 milihercios significa que nuestro planeta, o al menos su corteza, vibra sólo una vez cada doscientos segundos; es una vibración extremadamente lenta.

En un principio, se pensó que el origen de este zumbido omnipresente estaba en los terremotos o en las fluctuaciones de la presión atmosférica, pero los últimos estudios, realizados por los físicos Peter Bromirski y Peter Gerstoft, de la Universidad de California, con los datos recogidos por el observatorio sismológico USArray, una red de 400 sismómetros desplegados en Estados Unidos, indican que el zumbido se produce por las colisiones de las olas del océano con el fondo marino. Cuando dos olas opuestas de mar de fondo, las que no están producidas por el viento local, chocan, crean ondas de presión de baja frecuencia que transportan energía hacia abajo. Es el empuje de estas ondas de presión contra el fondo del mar el que genera el zumbido de la Tierra.

La fuente del zumbido parece estar en las plataformas continentales, donde el fondo se encuentra a poca profundidad; las mayores contribuciones al zumbido proceden de la costa norteamericana del Pacífico y, en menor medida, de la costa occidental de Europa. Aunque los datos en los que se basa este estudio se tomaron entre noviembre de 2006 y junio de 2007, por lo que el origen del zumbido puede ser diferente en los meses de verano.

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