El expediente Karnak sigue entre los 10 e-books policiacos más vendidos en El Corte Inglés desde el mes de junio de 2011, y ha pasado todo el mes de octubre de 2011 en el quinto puesto.

miércoles, 15 de febrero de 2012

El pez luna y el albatros

Pez luna (Per-Ola Norman, 2009)
(Contribución de El neutrino a la X edición del Carnaval de la Biología, organizada por Scientia)

Es de todos conocida la estrecha relación que existe entre los grandes herbívoros africanos, como rinocerontes, antílopes y vacas, y los picabueyes, esos pájaros que se posan sobre su lomo y les arrancan los parásitos que se alojan en su piel. Pues resulta que un comportamiento parecido se ha documentado recientemente en el mar, entre los albatros y los peces luna. Y digo documentado, porque los biólogos marinos ya sospechaban, al menos desde mediados del siglo XX, que algo ocurría entre esas dos especies, pero las escasas observaciones realizadas siempre se habían frustrado por la espantada de los albatros.

Los albatros, que constituyen la familia de los diomedeidos, son las aves voladoras de mayor envergadura; pueden alcanzar hasta 3,5 metros de punta a punta de las alas. Son aves marinas que habitan en los océanos Índico y Pacífico, y en el sur del océano Atlántico, y aprovechan los vientos para recorrer grandes distancias. Se alimentan de calamares, peces y crustáceos, y anidan en colonias en islas remotas. El pez luna (Mola mola), por su parte, es uno de los peces óseos más grandes del mundo; pueden llegar a medir tres metros de longitud y pesar dos toneladas. Habita en todos los mares cálidos y templados del mundo, y se alimenta principalmente de pequeñas medusas.

Albatros de Laysan (John Klavitter/U. S. Fish and Wildlife Service, 2011)
En junio de 2010, varios investigadores a bordo del buque Oshoro Maru de la Universidad de Hokkaido estaban observando un banco de 57 peces luna en el Pacífico norte. Los 57 peces estaban alineados y nadaban en la misma dirección, con la punta de la aleta dorsal sobre la superficie del agua. Casi todos ellos estaban infestados por el copépodo Pennella. Los copépodos son crustáceos que forman parte del plancton; suelen ser de pequeño tamaño, pero Pennella es el mayor de ellos, y puede medir hasta 30 centímetros. Las hembras, una vez fecundadas, se convierten en parásitos de cetáceos y grandes peces; en esa fase de su vida incrustan la cabeza en la piel de su huésped y arrastran tras de sí el cuerpo, un simple saco carnoso, sin patas ni caparazón, de donde se van liberando los huevos.

Pues bien, los científicos se dieron cuenta de que los peces luna se dirigían hacia un albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis) y trataban de llamar su atención nadando de lado a su alrededor. Al poco tiempo, el albatros comenzó a arrancar los parásitos de la piel de los peces y, poco después, otros albatros, algunos de la misma especie, y otros patinegros (Phoebastria nigripes) se unieron al festín. Un ejemplo perfecto de mutualismo, ese tipo de simbiosis en el que todos salen beneficiados. En este caso, el albatros consigue alimento y el pez luna se libra de los parásitos.

Picabueyes piquirrojo (Buphagus erythrorhynchus) sobre un búfalo cafre
(Thomas A. Hermann/U.S. National Biological Information Infrastructure, 2002)
A propósito, ya que he hablado al principio de los picabueyes, no quiero terminar sin aclarar que no son tan buenos como parecen: Además de comerse los parásitos, con sus picotazos mantienen heridas abiertas para alimentarse de la sangre de sus huéspedes. Y, por si esto fuera poco, también les comen los mocos y la cera de los oídos, y les arrancan el pelo para forrar sus nidos. El mutualismo va camino de convertirse en parasitismo. Un ser vivo siempre termina aprovechando todos los recursos a su alcance. Así, con el paso de los milenios, un desparasitador puede terminar convirtiéndose en un vampiro, o en carnívoro. Les das la mano y se toman el brazo.



Y hablando de lunas, hoy se cumple el segundo centenario del nacimiento del joyero estadounidense Charles Lewis Tiffany.

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