martes, 9 de septiembre de 2014

Zoo de fósiles: Bandadas de pterodáctilos

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Hace unos 120 millones de años, en el periodo Cretácico inferior, la región desértica de Sinkiang, en el noroeste de China, era mucho más húmeda que en la actualidad. Ríos y lagos proporcionaban una abundante fuente de alimento a diversos animales que habitaban en sus orillas. Uno de estos animales era Hamipterus, un pterodáctilo de tamaño medio. Los pterodáctilos son reptiles voladores del grupo de los pterosaurios, con la cabeza grande, el cuello largo y la cola muy corta.



Hamipterus, con una envergadura de entre un metro y medio y tres metros y medio, se alimenta de peces, y es un buen volador. Para pescar realiza vuelos rasantes sobre el agua y atrapa sus presas con sus mandíbulas largas y estrechas, erizadas de dientes curvados y puntiagudos, 19 a cada lado en la mandíbula superior, y 15 a cada lado en la inferior. Estos dientes, aplanados lateralmente y de distintas formas y tamaños, son lisos en su superficie exterior y estriados en la interior. El extremo de la mandíbula está ensanchado en forma de cuchara, sobre todo en los adultos.

Hamipterus tiene una cresta de hueso sobre la parte superior del cráneo, que en algunos individuos, se supone que los machos, está más adelantada y es más grande, más rugosa y más curvada. Es una cresta corta que se extiende a lo largo de la cabeza, desde la parte posterior del cráneo hasta el extremo del hocico, como el típico corte de pelo mohicano, y en los machos se alarga en forma de tupé redondeado hacia delante.

Un gran grupo de Hamipterus ha elegido la orilla de un curso de agua para criar. Tras la puesta, los huevos se entierran en la arena de la orilla para que se mantengan húmedos. Los huevos de Hamipterus se parecen a los de ciertas especies de serpientes; son alargados y ligeramente asimétricos, de unos seis centímetros de largo por tres y medio de ancho. Su superficie es lisa, y aunque presenta depresiones con grietas y resquebrajaduras, no está rota, lo que indica que la cáscara es relativamente flexible. Esta cáscara está formada por una delgada capa calcárea en el exterior, de unas sesenta micras de grosor, y una membrana de once micras en el interior.

Un día, una fuerte tormenta provocó una riada que arrasó la colonia. Docenas y docenas de individuos murieron ahogados, quedaron enterrados bajo los sedimentos arrastrados por el agua, y con el tiempo se transformaron en fósiles. Este yacimiento fue descubierto en 2006, y hace sólo unos meses, en junio de 2014, un equipo de paleontólogos de China y Brasil ha publicado su descripción científica. Se estima que hay miles de huesos de Hamipterus en el yacimiento; los recuperados hasta la fecha pertenecen a cuarenta individuos, aunque pueden quedar aún cientos enterrados.

Se trata de un hallazgo extraordinario, porque los huesos de pterosaurio son muy delgados y frágiles. Esto, que en vida les permitía volar con más facilidad, al aligerar su peso, hace que después de muertos su fosilización sea muy difícil. Se conservan muy pocos esqueletos de pterosaurio en buen estado, y de la mayor parte de las especies sólo disponemos de uno o dos individuos.

Los huevos de pterosaurio son aún más raros. Los hallados en este yacimiento, cinco, superan en número el total de huevos de pterosaurio descubiertos en toda la historia anterior de la paleontología, sólo cuatro, y todos ellos aplastados. Los huevos de Hamipterus, por el contrario, se han conservado en tres dimensiones, aunque un poco deformados. De estos cinco huevos, cuatro son del mismo tamaño, unos seis centímetros de largo por tres y medio de ancho, como ya hemos dicho, pero uno de ellos es bastante más pequeño, de tres por dos centímetros. Puede que no estuviera totalmente desarrollado, o puede que esa diferencia de tamaño entre los huevos fuera normal; de hecho, se conocen variaciones de tamaño semejantes en los huevos de varias especies de serpientes actuales.

Hace sólo unas semanas, el pasado mes de agosto, se ha publicado la descripción científica de otra nueva especie de pterodáctilo gregario, Caiuajara. Los huesos de Caiuajara fueron descubiertos en el sur de Brasil por un campesino y su hijo en 1971, pero no empezaron a ser estudiados por los paleontólogos hasta 2011. En este nuevo yacimiento se han encontrado cientos de huesos, entre ellos catorce cráneos parciales. Los fósiles pertenecen al menos a 47 individuos, casi todos ellos jóvenes; sólo unos pocos son adultos. Gracias a la presencia de fósiles de individuos en diversas etapas de desarrollo se han podido conocer detalles del crecimiento y del ciclo de vida de esta especie.

Caiuajara es un pterodáctilo precoz; las alas de las crías tienen las mismas proporciones que las de los adultos, lo que indica que pueden volar casi desde que salen del cascarón. Los ejemplares más pequeños que conocemos tienen una envergadura de unos 65 centímetros, mientras que los adultos alcanzan los 2,35 metros.

El hocico de Caiuajara es corto y ancho, sin dientes, y con la punta doblada hacia abajo. Caiuajara también tiene cresta, como Hamipterus, pero en este caso no hay diferencias entre machos y hembras. Sí la hay, sin embargo, entre crías, jóvenes y adultos. En las crías, la cresta es pequeña, y ocupa sólo la mitad delantera de la cabeza; se eleva en pendiente suave desde la punta del hocico hacia atrás y tiene el borde posterior redondeado. A medida que el individuo va creciendo, la cresta se extiende hacia atrás y se vuelve más simétrica, hasta que alcanza el extremo posterior del cráneo y forma un triángulo más o menos equilátero; después, sigue creciendo hacia arriba hasta que se convierte en una enorme aleta de tiburón cuya altura es mayor que la longitud de la cabeza; al mismo tiempo, se desarrolla una proyección ósea en la parte posterior del cráneo.

Caiuajara, que no está estrechamente emparentado con Hamipterus, vivió hace unos 85 millones de años, en el Cretácico superior, en un oasis a la orilla de un lago rodeado por un desierto de dunas. No sabemos si habitaba permanentemente la región, o sólo visitaba el lago en el curso de sus migraciones. Se supone que Caiuajara, como otros miembros de su familia, los tapejáridos, era herbívoro, pero no se han encontrado fósiles de plantas ni tampoco de invertebrados en el yacimiento.

Lo que sí sabemos es que estos pterodáctilos frecuentaron la zona durante mucho tiempo. De cuando en cuando, una sequía o una tormenta causaba la muerte de un grupo de individuos, cuyos cuerpos quedaban expuestos a la intemperie sobre la arena. Al cabo de un tiempo, una nueva tormenta arrastraba los restos descompuestos y desarticulados hasta el fondo del lago, donde se han preservado fosilizados hasta nuestros días.

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