viernes, 21 de febrero de 2014

Un lustro de El neutrino

El próximo domingo, 23 de febrero, El neutrino cumple cinco años, un lustro. Fue mi amigo Alfonso, que también anda celebrando el aniversario de su blog, quien me animó a comenzar esta aventura. Lo que le agradezco enormemente, por todas las satisfacciones que me ha traído.


Un lustro. La palabra lustro tiene la misma raíz que lustre y lustrar; procede de la lustratio, ceremonia de purificación de la antigua Roma en la que se invocaba la bendición y la protección de la divinidad.

Ya los griegos practicaban la lustratio, que servía para purificarse cuando se había cometido un crimen, o bien para purificar un lugar sagrado que hubiera sido profanado. En Roma, la lustratio no siempre estaba ligada a la comisión de un crimen; servía también para purificar los campos antes de la cosecha, los rebaños, o los ejércitos antes de partir en campaña.

La purificación se realizaba con agua, vertiéndola o asperjándola con una rama de laurel o de olivo, o con un hisopo (aspergillum).

Acetre e hisopo (aspergillum) de plata del siglo XVII,
obra de Anton Eisenhut (Die Gartenlaube, 1880)
El moho Aspergillus versicolor (Medmyco, 2013)
No confundir el aspergillum con el Aspergillus, que la liamos.
Una cebolla con Aspergillus (S. K. Mohan, 2008)
Hisopo, Hyssopus offinalis
(Christiaan Sepp, 1822)
Si el Aspergillus puede hacer eso a una cebolla, no quiero ni imaginar lo que le puede hacer a una persona. Mejor usar un hisopo natural.


La ceremonia también incluía la suovitaurilia, el sacrificio de tres animales machos: un cerdo (sus), un carnero (ovis) y un toro o ternero (taurus).


Gracias a la Real Academia Española, ya no hace falta sacrificar animales:

Un verraco (o sea, un cerdo macho) en la plaza de Calvo Sotelo, Ávila (Zarateman, 2012)
Un osario (o sea, un carnero) en Arresting, Neustadt an der Donau, Baviera, Alemania (Dede2, 2009)
Un brazalete de bronce (con forma de toro) del oeste de Irán, del s. I a.C. (Los Angeles County Museum of Art)

Servio Tulio, sexto rey de Roma, implantó la lustratio de la ciudad cada cinco años, coincidiendo con la finalización del censo, momento en el que los censores quinquenales abdicaban solemnemente. Y de ahí viene el significado actual de lustro, periodo de cinco años.



Yo, ni soy censor ni voy a abdicar, pero aprovecho la ocasión para presentar los resultados del censo quinquenal de El neutrino:

En cinco años he publicado 479 entradas, contando con ésta. En cuanto a seguidores, están muy dispersos: dos personas por correo, 45 por NetworkedBlogs, 53 por feed, 99 por Blogger, 126 por Facebook, 235 por Twitter... (aunque alguno estará repetido).

El número de páginas vistas es de 416.697, lo que hace una media de 872 visitas a cada entrada. (Sí, está bien calculado, piénsalo.) Aunque hay mucha dispersión en el número de visitas de cada página; la más vista de la historia de El neutrino, por razones que prefiero no preguntarme, es Cómo ahorrar en la calefacción, con 35.658 visitas. Entre los suscriptores del feed, la entrada más popular ha sido Hay que tomar medidas.

Hace dos años, El neutrino se convirtió en podcast, lo que ha multiplicado su público. Hasta el punto de que ahora tiene más oyentes que lectores; quien a buen árbol se arrima... La entrada más escuchada ha sido 2012 y el calendario maya, con más de nueve mil descargas, y ninguna entrada baja de las cinco mil. Mientras que en el blog sólo cinco entradas han superado las cinco mil lecturas (o accesos, lo que no significa que lo hayan leído.)

A primera vista, puede resultar descorazonador que la entrada más leída en El neutrino, que además acapara casi el 10% de todas las visitas al blog, lo sea por razones ajenas a la divulgación científica. Pero captar lectores que en principio no están interesados por la ciencia es bueno, y además no creo que haya muchos blogs de ciencia que puedan presumir de ayudar a sus lectores a ahorrar dinero.

El blog también ofrece alegrías más evidentes; la última, hace pocos días, cuando una profesora de matemáticas de secundaria me ha pedido permiso (que por supuesto le he dado) para reproducir una de las entradas de El neutrino en la revista de su instituto. Sólo por esto, ya merece la pena el trabajo invertido.

Y una vez presentado el censo, vamos allá con la lustratio. Desde hace tiempo, entre unas cosas y otras, no puedo actualizar El neutrino con la frecuencia que me gustaría. Para compensar, y por una especie de horror vacui que me aqueja, y del que debería curarme, desde el verano pasado estoy publicando en el blog las efemérides que también publico en twitter. Pero incluso esto me está ocupando más tiempo de lo que esperaba, y no suele añadir nada a lo que ya se puede leer en twitter. Así que esas efemérides, salvo en casos excepcionales, van a dejar de aparecer en El neutrino. Porque no pasa nada si no actualizo el blog todas las semanas; ¿a que no? Y así tendré más tiempo para mis otros proyectos, entre los que está terminar la segunda parte de la trilogía que empecé con mi segunda novela, Infiltrado reticular, inédita por ahora; ¿hay algún editor en la sala?

En fin, que El neutrino, a pesar de todo, tiene cuerda para rato. El próximo censo, dentro de cinco años, en 2019. Nos seguimos leyendo (y escribiendo) por aquí.

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