martes, 18 de abril de 2017

Dos grillos poco conocidos

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Grillo de las jaras (©entomart, 2005)
Los insectos son mucho más diversos de lo que vemos a diario. En la superfamilia de los grillos, los grilloideos, se conocen unas 3700 especies. Esta superfamilia comprende cuatro familias, y de las cuatro tenemos representantes en España (y prácticamente en todo el mundo). La más conocida es la de los gríllidos o grillos verdaderos, con más de novecientas especies. Algo menos conocidos, por su estilo de vida subterráneo, son los grillotálpidos, grillos-topo o alacranes cebolleros, pero aún aparecen en muchos libros por su curioso parecido con los topos. De ellos hablamos hace unos años en Los inventores del megáfono. Las otras dos familias, sin embargo, son prácticamente desconocidas.



Los mogoplístidos se caracterizan por las escamas que cubren su abdomen y parte del tórax, parecidas a las de las mariposas. Hay 364 especies en esta familia. La más común en Europa es el grillo de las jaras (Arachnocephalus vestitus), que habita en zonas secas por todo el sur del continente. Los adultos viven sobre árboles, arbustos y hierbas altas, de junio a octubre. Aunque son difíciles de observar, son abundantes, como se puede comprobar sacudiendo las plantas en las que viven.

Más extraños y difíciles de ver son los mirmecofílidos o grillos-hormiga. Como su nombre sugiere, pasan toda su vida dentro de hormigueros. Se conocen menos de cien especies. Son muy pequeños, aplanados y carentes de alas; se parecen a las ninfas de las cucarachas. Pueden ser de color negro, marrón o amarillo; son mudos y carecen de órganos auditivos en las patas. La especie más común en Europa es Myrmecophilus acervorum, que vive en los hormigueros de más de veinte especies de hormigas. Mide unos 3,5 milímetros de longitud y es de color pardo oscuro con franjas más claras. Los largos cercos, esos apéndices que salen del extremo del abdomen en algunos insectos, son sus principales órganos sensoriales. Los adultos se pueden encontrar durante todo el año; las hembras son capaces de reproducirse partenogenéticamente, sin la intervención de los machos, y las larvas tardan dos años en alcanzar el estado adulto.

Otra especie, Myrmecophilus americanus (que, a pesar de su nombre, está presente en gran parte del mundo), se ha especializado en los hormigueros de la hormiga Paratrechina longicornis. Se alimenta de restos de comida que arrebata a las obreras, a las que incluso obliga a regurgitar comida gracias a su parecido en forma y tamaño con la parte posterior del abdomen de la reina.

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