viernes, 7 de octubre de 2016

Zoo de fósiles: El ibis jamaicano, un púgil temible

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Hace casi un siglo, entre 1919 y 1920, el zoólogo estadounidense Harold Elmer Anthony recolectó fósiles del periodo cuaternario en varias cuevas de Jamaica. Como especialista en mamíferos, Anthony dejó de lado los fósiles de ave, que quedaron almacenados, sin clasificar, en el Museo Americano de Historia Natural. Hasta 1977, cuando los ornitólogos estadounidenses Storrs Lovejoy Olson y David William Steadman publicaron la descripción de la especie más extraordinaria entre todos aquellos fósiles de aves: el ibis jamaicano, al que bautizaron con el nombre de Xenicibis xympithecus, “el extraño ibis vecino del mono”, debido a que procedía de la misma cueva en la que se habían encontrado los restos fósiles del primate extinto Xenothix mcgregori.



El ibis jamaicano vivió en la isla de Jamaica hace menos de dos millones de años. Era un ave de unos dos kilos de peso, el doble del morito común (Plegadis falcinellus), el ibis más extendido por el mundo, y mayor que cualquier ibis viviente, excepto el ibis gigante (Thaumatibis gigantea) del sudeste asiático, que alcanza los cuatro kilos. Probablemente está emparentado con los corocoros del género Eudocimus, que habitan en gran parte del continente americano.

La caracteristica más llamativa del ibis jamaicano son sus alas, que para un ave no voladora están muy desarrolladas. El radio es muy robusto, con forma de maza; el hueso de la mano, hueco pero con paredes muy gruesas, es enorme, largo y curvado; las falanges son cortas y compactas, con aspecto de bloque; y el hombro y la muñeca dotan al conjunto de una gran movilidad. Los huesos que soportan los músculos de las alas, la fúrcula, el coracoides y el esternón, también están bastante desarrollados, aunque por su forma indican que el ibis jamaicano era incapaz de volar. Xenicibis es uno de los dos géneros de ibis no voladores conocidos. El otro, Apteribis, también extinto, comprende los ibis hawaianos, de los que ya hemos hablado en Zoo de fósiles.

Al margen de las alas, el ibis jamaicano presenta otras peculiaridades. El pico, largo y curvado como en otros ibis, tiene sin embargo el extremo ensanchado, aunque no aplanado como en las espátulas. La pelvis, las patas traseras, los huesos del cráneo y las vértebras son robustos, especialmente el hueso notario, un grupo de vértebras dorsales fusionadas que, en algunas aves, protegen la médula espinal de las tensiones generadas por el batir de las alas.

En un principio se pensó que el ibis jamaicano era cuadrúpedo, y utilizaba esas alas tan extrañas como muletas para apoyarse en el suelo y caminar. Pero no era así. La estructura de las alas es muy similar a la de los nunchacos de las artes marciales asiáticas, o la de los manguales medievales, esas mazas que llevan una bola de pinchos unida al mango por una cadena. Es una estructura parecida a las pinzas de algunos crustáceos, como las mantis marinas, pero es única entre las aves. Es cierto que algunas aves utilizan sus alas como armas, sobre todo para luchar con otros individuos de su especie. El solitario de Rodrigues, del que también hemos hablado en Zoo de fósiles, lo hacía, y muchas aves actuales, sobre todo cisnes, patos y gansos, también están equipados con espolones o protuberancias óseas en las muñecas, que utilizan en luchas que pueden llegar a ser muy violentas. Se dice que un cisne puede romper el brazo a una persona de un golpe. El ibis jamaicano simplemente llevó estas adaptaciones al extremo.

Dos ejemplares fósiles de ibis jamaicano muestran fracturas que se volvieron a soldar en vida del ave, uno en la mano y otro en el brazo. Fracturas que indican que utilizaban las alas para golpear con gran fuerza. Los combates entre estos ibis debían de ser algo digno de verse.

A diferencia de otras islas, Jamaica no estaba desprovista de depredadores; serpientes, monos y aves rapaces debían de representar una amenaza para un ave no voladora como el ibis jamaicano, y para sus nidos. Es muy posible que el ibis usara sus alas también para defenderse.

No sabemos cómo ni cuándo se extinguió el ibis jamaicano; posiblemente ya no estaba allí cuando los primeros humanos llegaron a Jamaica, hace unos tres mil años.

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